PARA ACABAR CON EL MAÍZ TRANSGÉNICO:

1.- No consumas ningún maíz que no diga claramente que no es transgénico.
2.- Envía un correo al Ministerio de Medio Ambiente con este texto u otro similar: "QUIERO QUE SE PROHIBA EN ESPAÑA EL CULTIVO Y EL CONSUMO DE PRODUCTOS TRANSGÉNICOS, ADEMÁS DE QUE SE ESPECIFIQUE CLARAMENTE EN LOS ETIQUETADOS QUE PRODUCTOS SON TRANSGÉNICOS".
3.- Difunde este blog y cualquier noticia al respecto.
4.- Envía un correo a las principales productoras comunicándoles tu decisión (se facilitarán los correos).
5.- Envía un correo a las principales cadenas de supermercados (se facilitarán correos).
7.- Envía correo a los diferentes partidos comunicándoselo.
7.- Usa el boca a boca tradicional y las redes sociales.
8.- Infórmate.
7.- Aportando cada uno un granito no transgénico nos daremos cuenta de lo fácil que es. Está en nuestras manos.
¡VAMOS A ACABAR CON EL MAÍZ TRANSGÉNICO!
¡QUÉ NO LES QUEPA DUDA!


sábado, 13 de noviembre de 2010

El fracaso de BASF y de su transgénica patata ‘Amflora’

Las expectativas europeas depositadas en la patata transgénica, tanto por la empresa química alemana BASF como por la Unión Europea (UE), no parecen satisfacer ni a uno ni al otro.
Hace ahora más de tres años, que Amigos de la Tierra alertaba sobre la amenaza que para la agricultura tradicional suponía la introducción en nuestros campos de un nuevo transgénico, una patata  conocida como ‘Amflora’ que venía a sumarse a otros  productos anteriormente autorizados por la Unión Europea, como el maíz MON 810[1] y, quizá  el arroz LL62 [2]. Y añado el ‘quizá’ porque ignoro si el cultivo de este último ha sido aprobado por la UE.
La patata ‘Amflora’ es el primer cultivo modificado genéticamente (OMG) que  la UE autoriza, tras una acertada moratoria de diez años. Las presiones de Estados Unidos y de la industria europea han alcanzado finalmente su objetivo, quebrando las defensas de nuestros gobernantes, que  harían bien en pensar más en su responsabilidad hacia nosotros que en las prebendas empresariales que puedan recibir.  Y esto, en un momento en que las encuestas realizadas continúan poniendo en evidencia que la opinión pública europea está mayoritariamente en contra de los alimentos transgénicos,  los cuales percibe como innecesarios, éticamente discutibles y peligrosos para la salud.
De hecho, en la votación en el Consejo Europeo de Agricultura en julio de 2007, la patata transgénica no obtuvo el visto bueno de todos los paí ses miembros. Once estados miembros votaron en contra, seis se abstuvieron (entre ellos España) y el resto votó a favor. Sin embargo, la Comisión Europea anunció algunos meses después su intención de aprobar la patata transgénica para su cultivo en la UE, prescindiendo del rechazo generalizado de los ciudadanos hacia estos productos.
Entre los pocos ministros que en su momento apoyaron la aprobación se encontraba la anterior ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa. BASF llevaba intentando aprobar este cultivo desde 1996 y había llegado, incluso, a denunciar a la Comisión Europea ante los tribunales por no aprobar su producto. Información sobre  estas acciones judiciales, que cuestionan la gestión del comisionado Stavros Dimas, pueden todavía encontrarse en Internet (en inglés) en algún documento de empresa [3]. La nota de prensa de BASF suena particularmente amenazadora cuando afirma: “Los comisionados de la Unión Europea han aplazado la aprobación de Amflora a pesar de evaluaciones repetidas positivas de seguridad por EFSA, la Autoridad de Seguridad alimentaria europea. Aunque nosotros demos la bienvenida a algunos signos positivos por la Comisión y el Presidente Barroso, como su compromiso de basar sus decisiones sobre los productos genéticamente modificados puramente sobre la ciencia, no estamos preparados para aceptar más retrasos“, dijo el Doctor Stefan Marcinowski, miembro del Consejo de los Directores ejecutivos de BASF SE.
Desde hace más de una década el Estado español es el único estado miembro de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala. Y lo hace con una absoluta falta de transparencia y control. Nadie sabe dónde están las 76.000 hectáreas de maíz genéticamente modificado. Nadie evalúa sus daños, ni asume responsabilidades, mientras continúan contaminando nuestros campos y nuestros alimentos y ponen  en peligro los modelos de la agricultura tradicional.
¿Patata para uso industrial en nuestros platos?
Es cierto que, inicialmente esta patata no estaba destinada a la alimentación humana. Modificada genéticamente por el gigante de la industria quí mica BASF, para incrementar su contenido en amilopectina, su destino final había de ser la producción de almidón para fines industriales como la fabricación de papel.   Pero sus intenciones no eran inocentes, porque  en su solicitud de autorización también precisaba que “no se puede descartar que esta patata sea usada o termine apareciendo en la alimentación” (sic). Y buena prueba de que la empresa alemana albergaba intenciones de acabar introduciendo esta patata en la alimentación animal y humana es que tramitó al mismo tiempo  esta autorización ante la UE. Lo que significaba que, visto lo visto, pronto la tendríamos en el plato.
Una nueva amenaza para el medio ambiente y nuestra salud.
La patata ‘Amflora’ tiene el visto bueno de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés). Aunque dado el historial de esta agencia, sobre cuyas conclusiones apoyó BASF su denuncia ante la UE, su aprobación no es precisamente una garantí a de seguridad. ‘Amflora’ contiene genes de resistencia a antibióticos, que bajo la legislación europea, tendrí an que haber sido eliminados antes de diciembre de 2004.
Organizaciones como la Organización Mundial del Salud (OMS) o la Agencia Europea del Medicamento han afirmado que los antibióticos para los que esta patata incluye genes de resistencia tienen un “importante papel” en medicina. La propia EFSA reconoce que el cultivo de esta patata puede provocar la aparición de resistencia a antibióticos, pero argumenta que no supone un riesgo “relevante” para la salud humana o el medio ambiente.
Por otro lado, la evaluación de riesgos de esta patata no cumple los requisitos marcados por la legislación europea. No se estudió el impacto de la patata transgénica sobre el medio ambiente, y solo se hizo sobre la fauna circundante. Además, falta información básica sobre su seguridad para la salud. La EFSA, aunque favorable a su introducción, reconoce que los datos ofrecidos por BASF muestran muchas irregularidades, incluyendo toxicológicas que podrí an tener implicaciones serias en la seguridad alimentaria.
Pero además se ha ignorado el riesgo de contaminación. La patata se considera un cultivo de bajo riesgo en cuanto a contaminación por polen, pero es un cultivo de alto riesgo de contaminación debido a los tubérculos que quedan en el suelo tras la cosecha. Es prácticamente imposible recoger la totalidad de la producción, con lo que los tubérculos pueden crecer la temporada siguiente, contaminando la siguiente cosecha. Además, la experiencia con el maí z transgénico nos muestra cómo en la práctica la separación de las cosechas en recogida, almacenaje, transporte o procesado es una utopí a.
¿Qué sentido tiene seguir apostando por una agricultura transgénica?
Los cultivos transgénicos autorizados en Europa, como el del maíz, no han mostrado ventajas sustanciosas para los consumidores, ni tampoco han demostrado ser más productivos, además de haber generado multitud de casos de contaminación genética, y en especial en Cataluña. Continúan presentando riesgos imprevisibles para la salud y el medio ambiente. Ciertos estudios ya han demostrado que las prácticas agrí colas sostenibles como la agricultura ecológica estimulan más la economí a e incrementan la competitividad de la agricultura europea en mayor medida que la apuesta por los transgénicos. Además, no hay mercado para los OMG, ya que la opinión pública sigue mostrando un rechazo frontal, mientras crece la venta de productos ecológicos.
Fracasa la patata transgénica.
En marzo de 2010, la Comisión Europea terminó por aprobar el primer cultivo transgénico la patata ‘Amflora’ en la Unión Europea, tras doce años de moratoria general.
Asistimos pues, a partir de entonces, a su primera temporada de siembra. Pero su cosecha arroja un balance auténticamente desastroso. Rechazada por la opinión pública -y también por la industria-, gran parte de la recogida se ha visto contaminada o retenida. Además, su cultivo ha sido prohibido en Austria, Hungría y Luxemburgo, a lo que hay que añadir que  cinco  Gobierno europeos han emprendido acciones judiciales contra su aprobación.
Cultivadas 267 hectáreas repartidas por Suecia, Alemania y República Checa, los resultados de la plantación no han sido precisamente positivos. En concreto, en Suecia su cultivo se ha visto envuelto en un escándalo de contaminación por otra patata transgénica no autorizada, y por lo tanto ilegal, conocida como ‘Amadea’ [4]. Debido a esta contaminación, 16 de las 102 hectáreas cultivadas en Suecia tuvieron que ser destruidas.
No conocieron mejor suerte las quince hectáreas cultivadas en Alemania, que fueron retenidas por orden de las autoridades regionales hasta garantizar que estaban libres de contaminación por la patata transgénica ilegal [5]. Hasta la fecha de hoy continúan retenidas en un almacén del Gobierno Federal a la espera de nueva orden.
Además, la patata ‘Amflora’ ha conseguido el rechazo frontal de Gobiernos como Austria, Luxemburgo y Hungría, que han prohibido el cultivo en su territorio [6] y que, junto a los Gobiernos de Francia y Polonia, han llevado al Tribunal Europeo de Justicia la denuncia contra la aprobación de esta patata transgénica [7].
La industria europea del almidón también ha rechazado esta patata, para evitar problemas de contaminación y el rechazo de los consumidores. Además, saben que existen patatas convencionales disponibles en el mercado con el mismo contenido de almidón, lo que  ‘Amflora’ resulta innecesaria[8].
Un millón de firmas: iniciativa ciudadana europea en contra de los alimentos transgénicos.
La aprobación de la patata transgénica ha generado amplias protestas por toda Europa. Y también supone la aparición de la primera “iniciativa ciudadana” europea, acogiéndose a un principio recogido en el Tratado de Lisboa de la Unión Europea (EU), en diciembre de 2009, en virtud del cual un millón de ciudadanos europeos tienen la posibilidad de pedir formalmente a la Comisión Europea que adopte medidas legislativas para satisfacer sus demandas [9]. Una campaña montada por Avaaz.org y Greenpeace, en la que “Un ecologista en El Bierzo” también intervino activamente, permitió entonces recoger más de un millón de firmas en unos meses [10]. También   se desarrollaron numerosas protestas, destacando por su importancia las producidas en España [11], en Zaragoza (2009) y en Madrid (2010).
David Sánchez, responsable de agricultura y alimentación de Amigos de la Tierra afirmó: “El balance del primer año de cultivo de Amflora ha sido claramente desastroso, y debería servir para que la Comisión Europea y Gobiernos como el español se replanteen su apuesta por los transgénicos. Son innecesarios, no aportan ninguna ventaja, plantean demasiados riesgos y su cultivo por unos pocos genera enormes problemas para el resto de agricultores, la industria alimentaria y los consumidores.”
Un ecologista en El Bierzo.

(1). Miles de personas hacen oír su voz en Madrid contra los transgénicos.19/04/10. Ecobierzo/Unecologistaenelbierzo/
(3). BASF lleva el caso de Amflora ante el Tribunal de la Unión Europea (Plant Science takes Amflora case to EU Court). 24/07/08. Potatopro.com
Además, más de 40 organizaciones sociales, incluyendo varios grupos de Amigos de la Tierra, han llevado también a la Comisión Europea ante los tribunales: http://www.gmo-compass.org/eng/news/511.docu.html

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